La especificidad · Lección 2

Sustantivos, números y horas

Cambiarás sustantivos vagos, cantidades difusas y momentos sin definir por detalles con nombre, contables y comprobables en el reloj.

El principio

El juez te da un 2 cuando escribes «un compañero de trabajo es un pesado» porque le has dado al público una categoría, no una persona. Una categoría no tiene cara, no tiene mesa, no tiene pescado en el microondas. El cerebro del público no puede construir una escena a partir de «un compañero». Se queda en lo abstracto y la risa nunca llega.

La solución no es añadir más palabras. Es sustituir esa abstracción, o esas dos, por un sustantivo con nombre, un número exacto o un momento preciso. «Dave, el de compras, se recalienta el pescado a las 11:40 cada martes» funciona porque cada elemento es comprobable. Puedes imaginar a Dave. Puedes imaginar el pescado. Puedes ponerte un aviso en el calendario para las 11:40 del martes. El público hace lo mismo, y la imagen hace gracia.

Este es el diagnóstico. Relee tu chiste y pregúntate qué palabra hace menos trabajo. La palabra que es un gesto y no una cosa. «A veces.» «Mucho.» «Cosas.» «Gente.» «Hace un tiempo.» Esa palabra es tu abstracción. No necesitas reescribir el chiste entero. Necesitas cambiar esa palabra por un sustantivo concreto, un recuento o una hora del reloj. Una sola pasada. Esa es la revisión que mueve la puntuación.

Pero no siempre sabrás el detalle concreto a la primera. Cuando te quedas mirando «un compañero» y no te sale un nombre como Dave, juega a los cincuenta. Escribe cincuenta cosas concretas relacionadas con el tema —nombres, objetos, horas, lugares, sonidos— sin pararte a juzgar si alguna hace gracia. No estás escribiendo el chiste. Estás construyendo una estantería. Luego recorres la estantería y eliges el detalle que te hace ver una escena. Las probabilidades de encontrar una imagen que sirva mejoran muchísimo cuando eliges entre cincuenta sustantivos concretos en vez de mirar fijamente una palabra vaga.

Una advertencia. Si el chiste ya funciona y el público se ríe, déjalo. La gramática, la lógica y la elegancia literaria no son lo que estás midiendo. La única pregunta es si el público puede ver la imagen. Si puede, la abstracción no es tu problema esta noche. Si no puede, cambia el sustantivo, cuenta el número, pon la hora y pruébalo otra vez.

En un chiste

Ejemplo escrito para esta lección, mismo tema en ambas versiones:

Antes (puntuación baja en especificidad): «Mi gata es muy pesada por la noche y no puedo dormir.»

Después (puntuación alta en especificidad): «Mi gata, Canela, se sienta en el teclado a la 1:15 de la madrugada cada noche y escribe una palabra distinta hasta que le tiro una almohada.»

Cambiaron tres cosas. «Muy pesada» —un adjetivo vago— se convirtió en una imagen física que el público puede ver: una gata, un teclado, una almohada en el aire. «Por la noche» —una ventana de seis horas— se convirtió en la 1:15, una sola hora del reloj. «No puedo dormir» —una consecuencia abstracta— se convirtió en la acción concreta y comprobable de tirar una almohada. La gata además recibió un nombre, que convierte a un animal en un personaje.

Tu turno

Coge el chiste que el juez acaba de puntuar. Encuentra las tres palabras que son gestos y no cosas: el «a veces», el «mucho», el «un poco», la «gente». Para cada una, escribe diez sustituciones concretas: un nombre, un número, una hora, un objeto concreto. Elige la sustitución que te haga ver una imagen, métela, lee el chiste en voz alta una vez y envíalo. Diez minutos, una pasada, sin más edición.

En una línea

Nombra a la persona, cuenta las cosas, pon la hora, y el chiste tendrá cara.

Escribe el chiste de esta nocheDespués: Los arquetipos como motores de detalle